Din don don din don... un sonido casi imperceptible anunciaba la llegada de un nuevo mensaje al celular, una cara bañada en sudor -que mostraba el esfuerzo realizado durante una hora de arduo trabajo físico- cambió su expresión: de agotamiento a felicidad, en cuanto leyó el contenido del mensaje. El texto era claro y, aunque corto, no había más que decir por el momento. Bastó sentir su corazón acelerarse rápidamente, para saber que se había conectado con ese otro corazón a kilómetros de distancia, y que -a su manera- se entendían sin palabras.
Fue mientras esperaba el momento de encontrarlo -a través del ciberespacio y gracias a la tecnología, para poder hablar de la buena noticia-, que se sentó a divagar y pensar en la manera en que han cambiado las cosas y cómo lo que ahora resulta tan fácil, hace algunas décadas era impensable. La idea había estado rondando su cabeza desde un mes antes. Todo comenzó cuando tuvo que realizar cierto viaje. Las cosas parecían marchar bien pero justamente un día después de su llegada al lugar de destino, la computadora portátil sufrió una parálisis incontrolable, simplemente no había medicamento casero que la despertara de su letargo y no hubo más que hacer... ¡directo al hospital de máquinas!.
Sin esa máquina (invento divino del hombre) y sin un celular que funcionara para comunicarse de este país a aquel, sus esperanzas de ponerse en contacto con él eran casi nulas, y no porque no existieran en este lugar esos tan famosos y visitados "café internet" sino porque -aunque parezca increíble- no pudo encontrar uno en kilómetros a la redonda. Y es que claro! en un país de primer mundo donde casi cada habitante tiene su propia laptop, blackberry y/o iphone ¿por qué querría alguien poner un cibercafé? sobretodo si se trata de una zona en donde además de casas hay "más casas".
Pues bien, después del fallido y frustrado encuentro (habían quedado de encontrarse a cierta hora en Skype), lo único que le quedaba era lamentarse, y más aún por no haber podido hallar un medio para avisarle que no podría llegar a la cita. Justo ese fue el detonante de ideas e imágenes en su cabeza que, atropellándose entre sí, la hicieron ponerse en los zapatos de las mujeres de hace quizá unos 200 años, más-menos. Pensó en la fortaleza que debieron tener y mantener tanto ellas como los hombres a quienes amaban, cuando se alejaban físicamente por largos periodos. Cuando iban a la guerra, por poner uno de los más claros ejemplos.
Y es que ¿quién les daba razón de ellos? ¿cómo podían pasar días, meses e incluso años sin saber de ellos?, ¿cómo estaban?, ¿qué sentían?, ¿las extrañaban?, ¿comían bien?, ¿estaban enfermos?. ¡Nada!, ¡Ni una sola manera de enterarse rápidamente de los acontecimientos!, ninguna otra que una carta que viajaba durante días, para llegar a su destino y que, si el hombre en cuestión se había visto presionado por cualquier situación, sólo decía que estaba bien y que esperaba tener noticias de ella pronto. El único enlace entre estos dos amantes eran sus cartas de amor, esas que no dejaban de escribirse pero que recibían una vez cada cierto tiempo. Y para ella, una foto de él sobre su buró, que cada vez se volvía menos clara quizá por una que otra lágrima derramada sobre la misma; para él, una foto con una imagen de ella apenas perceptible por el sudor que traspasaba su camisa y llegaba al bolso frontal en donde la guardaba, para tenerla cerca de su corazón.
Así que no tuvo más que sentir una profunda admiración para esas parejas, que probablemente encontrarían casi ridícula la idea de que hoy en día baste dar un sólo clic para enviar desde un msg corto, hasta la carta más larga con detalles, fotografías y hasta videos a través de la red. Aunque le gusta, y sabe que gracias a ello puede estar en contacto con el mundo, no deja de maravillarse ante esos hombres y mujeres que esperaban ansiosos, la llegada de la siguiente carta en que se enterarían cómo estaban las cosas "allá en casa" en donde sus familias, esposas, hijos o novias, esperaban "desesperadamente" su llegada...
Finalmente, el particular sonido que deja notar que hay una llamada entrante en skype, la trae de vuelta a este mundo donde computadoras, celulares, internet, banda ancha y todos esos términos cada vez son más y sirven para decir que estamos "conectados", aún en la distancia. Esa misma distancia que no impidió que esa noche, celebraran juntos -por medio de una conjunción de herramientas tecnológicas-, uno en la playa (con calor) y otro cerca de la playa (con frío y lluvia), cada uno en diferentes países, el inicio de un nuevo trabajo, ese que habían estado esperando...
Congrats my love!!!
Tuesday, October 26, 2010
Wednesday, October 13, 2010
DESPUÉS DE LA SOBREDOSIS
La noticia simplemente ha dado la vuelta al mundo
Después de 69 días por fin la noche del 13 octubre los mineros chilenos vieron de nuevo la luz ¡aún cuando era de noche! Justo ese día desperté preguntándome qué estaba pasando con ellos. Desde que llegué a este rincón del mundo, había escuchado, visto o leído poco sobre el tema. A pesar de ello, tenía nociones por lo que había visto de reojo en el diario gratuito. Bastó una llamada telefónica (de esas en las que se saluda a la familia y se dan y preguntan datos y pormenores de la vida diaria), para saber que justo en ese momento televisaban el rescate del segundo minero en salir de esa pequeña prisión. Mentiría si dijera que sólo me alegré, casi puedo volver a sentir ese estremecimiento que recorrió mi piel cuando escuché la noticia.
Estando tan lejos de casa pude entender perfecto la necesidad de afecto de esos hombres que, aún acompañados entre ellos, necesitaban de ese calor de hogar. Intenté ponerme en sus zapatos y pensar en todo lo que pudo haber pasado por sus mentes durante estos días de encierro, ¿cuántas veces habrán perdido la esperanza?, ¿cuántas veces la habrán recuperado?, ¿qué será, de todas las cosas que anhelaban volver a tener, lo que en verdad les resultaba indispensable? Las preguntas formaron una gran lista en mi mente que casi no me dejó dormir, y después de un día largo y un tanto pesado, lo único que esperaba era el momento de poder ver el video del que todos hablaban, ¡el momento del rescate!
No sé si hubiera sido mejor sólo imaginarlo, sé que lloré más que la esposa del primer minero. Repentinamente, al verlo salir de esa cápsula de metal, una sobredosis de sentimientos me invadió, las lágrimas se amontonaron en mis ojos y, aún cuando traté de controlarlas, ya era demasiado tarde; no me permitieron seguir viendo durante unos segundos, rápidamente el sollozo se transformó en un llanto imparable. No sabía si me sentía como un minero con la esperanza de ser rescatada pronto y ver, a mi salida, a toda esa gente que esperaba por mi. O si, por otra parte, era como esos hijos cuyos ojos se iluminaban llenos del alegría al ver de nuevo a sus padres, o esas esposas, madres o hermanos que temblaban tratando de contener la emoción ante lo que podría llamarse un renacimiento. No sé cuál de las dos era mi postura, tal vez un poco de ambas. Y ambas trajeron a flote esos sentimientos que quizá he querido mantener en el olvido...
Después de la sobredosis aún me quedaban algunas preguntas. ¿Sabrán esos 33 hombres lo que provocaron -y aún provocan- en una sociedad hambrienta de noticias inspiradoras? No tengo la certeza, aunque sí la sospecha, de si habrá o no película sobre el tema, lo que sí sé, es que esto es sólo una prueba más de la enorme cantidad de sucesos -que en algún momento fueron trágicos o negativos- que culminan con sonrisas en los rostros no sólo de sus protagonistas sino de todos aquellos que seguimos, de uno u otro modo, su historia. Basta comenzar con la intención de lograrlo, tener una idea clara y concreta, analizarla, llevarla a cabo y no rendirse, como no lo hicieron todas las personas que trabajaron en el rescate de estos, hoy famosos, 33 mineros chilenos.
Después de 69 días por fin la noche del 13 octubre los mineros chilenos vieron de nuevo la luz ¡aún cuando era de noche! Justo ese día desperté preguntándome qué estaba pasando con ellos. Desde que llegué a este rincón del mundo, había escuchado, visto o leído poco sobre el tema. A pesar de ello, tenía nociones por lo que había visto de reojo en el diario gratuito. Bastó una llamada telefónica (de esas en las que se saluda a la familia y se dan y preguntan datos y pormenores de la vida diaria), para saber que justo en ese momento televisaban el rescate del segundo minero en salir de esa pequeña prisión. Mentiría si dijera que sólo me alegré, casi puedo volver a sentir ese estremecimiento que recorrió mi piel cuando escuché la noticia.
Estando tan lejos de casa pude entender perfecto la necesidad de afecto de esos hombres que, aún acompañados entre ellos, necesitaban de ese calor de hogar. Intenté ponerme en sus zapatos y pensar en todo lo que pudo haber pasado por sus mentes durante estos días de encierro, ¿cuántas veces habrán perdido la esperanza?, ¿cuántas veces la habrán recuperado?, ¿qué será, de todas las cosas que anhelaban volver a tener, lo que en verdad les resultaba indispensable? Las preguntas formaron una gran lista en mi mente que casi no me dejó dormir, y después de un día largo y un tanto pesado, lo único que esperaba era el momento de poder ver el video del que todos hablaban, ¡el momento del rescate!
No sé si hubiera sido mejor sólo imaginarlo, sé que lloré más que la esposa del primer minero. Repentinamente, al verlo salir de esa cápsula de metal, una sobredosis de sentimientos me invadió, las lágrimas se amontonaron en mis ojos y, aún cuando traté de controlarlas, ya era demasiado tarde; no me permitieron seguir viendo durante unos segundos, rápidamente el sollozo se transformó en un llanto imparable. No sabía si me sentía como un minero con la esperanza de ser rescatada pronto y ver, a mi salida, a toda esa gente que esperaba por mi. O si, por otra parte, era como esos hijos cuyos ojos se iluminaban llenos del alegría al ver de nuevo a sus padres, o esas esposas, madres o hermanos que temblaban tratando de contener la emoción ante lo que podría llamarse un renacimiento. No sé cuál de las dos era mi postura, tal vez un poco de ambas. Y ambas trajeron a flote esos sentimientos que quizá he querido mantener en el olvido...
Después de la sobredosis aún me quedaban algunas preguntas. ¿Sabrán esos 33 hombres lo que provocaron -y aún provocan- en una sociedad hambrienta de noticias inspiradoras? No tengo la certeza, aunque sí la sospecha, de si habrá o no película sobre el tema, lo que sí sé, es que esto es sólo una prueba más de la enorme cantidad de sucesos -que en algún momento fueron trágicos o negativos- que culminan con sonrisas en los rostros no sólo de sus protagonistas sino de todos aquellos que seguimos, de uno u otro modo, su historia. Basta comenzar con la intención de lograrlo, tener una idea clara y concreta, analizarla, llevarla a cabo y no rendirse, como no lo hicieron todas las personas que trabajaron en el rescate de estos, hoy famosos, 33 mineros chilenos.
Friday, October 1, 2010
Quiso y... ¡lo logró!
Con una intensidad que quemaba hasta debajo de la ropa, el sol le pidió permiso a octubre para hacer su aparición. Un suceso de esta magnitud (un día bastante más cercano a lo templado que a lo frío) sólo podía disfrutarse al cien por ciento desde un lugar específico que vino a su mente sólo a través de los recuerdos.
Una vez allí dudó una vez más, ¿una banca cerca de la acera, pasto o arena? No iba preparada y se inclinó por la primera opción. El panorama, el clima y cierto aire de nostalgia se posicionaron sobre todo lo demás que pudiera existir en ese momento a su alrededor. El olor penetraba fácilmente yendo más allá de su nariz, instalándose en la piel. Los rayos de sol, por su parte, le recordaban la intensidad con la que puede brillar todo y que el calor no sólo se siente sino se respira.
Minutos más tarde el aire, como a las hojas, la levantó, la movió y la fue llevando lenta y ligeramente en otra dirección. Ese lado, hasta ese momento, no visitado de la ciudad lucía ligeramente más rojo, naranja y café. Quiso ser una hoja de maple, pequeña y ligera para dejarse llevar por el viento. ¡Lo consiguió! Las cosas que cargaba, aún en su interior, desaparecieron. Flotó, alto, más que algunos edificios a su alrededor y rió, fue feliz ahí arriba, casi volando y después, volvió al suelo.
Quiso quedarse un poco más, desconectando todo cable que pudiera retenerla en el mundo real, estaba decidida a no pensar. A mirar, como ausente, más hacia dentro que a su alrededor…
y lo logró.
Tuesday, September 28, 2010
En soledad
Casi una semana lejos y las ideas comienzan a ordenarse en algún lugar dentro de mí. Es como si una pieza de la maquinaria se hubiera salido de su lugar mientras la movían a un nuevo sitio, volviendo a colocarse en el sitio correcto hasta que todo dejó de moverse a su alrededor o -mejor dicho- hasta que la máquina a la cual pertenece estuvo ubicada en un solo lugar…
Tomando como punto de partida un aeropuerto casi desierto (por el día y la hora) y como punto final este día soleado, el cual -estoy segura- pertenece al verano pero quiso ser travieso y colarse entre las divertidas hojas de colores otoñales que llegan propiamente con esta estación, podría decirse que un millón de imágenes son ahora sólo recuerdos, recientes ¡sí!, pero al fin y al cabo recuerdos.
Podría encontrar las palabras para describir los acontecimientos de estos días, podría describir paso a paso la espera del viaje, los nervios de la llegada a un nuevo hogar y lo increíblemente extraño que resulta adaptarse a otro país, aún cuando se vivió antes en éste. Podría, pero no lo haré. Esos días y los sentimientos que desataron en mí, se quedan conmigo. Baste decir que aunque definitivamente me siento feliz, hubo una serie de sucesos inesperados que estuvieron a punto de hacerme renunciar. Pero no lo lograron.
No soy más de esas personas que renuncian y dejan que sus sueños se vayan con el inicio de un nuevo día, no me rindo, no me doy por vencida. Quizá por eso sigo aquí cuando casi todo (todos) lo que quiero está allá. Estoy aquí viviendo lo que alguna vez representó una aventura que esta ocasión y cada día -en medio de un idioma que no es el de nacimiento- se torna más seria. Una aventura que en soledad se disfruta de una manera diferente, pero que no por eso debe dejar de compartirse.
Es así como entiendo que con la edad, aunque en realidad es más con la experiencia que dan ciertos eventos, nos vamos tomando la vida más en serio, tanto que en ocasiones nos olvidamos de vivirla para darle paso al estrés o al sufrimiento de no saber qué es lo que viene. Hoy, después de una “deliciosa” clase de yoga, disfrutando de un "matchachillo" (licuado de yoghurt con té verde en polvo) y un saxofón -que da vida a una encantadora pieza de jazz-, he decidido comenzar de nuevo, dejar de preocuparme tanto.
Los planes siguen surgiendo y los sueños encontrarán su camino para volverse una realidad, seguramente los llevaré de la mano guiándolos hacia donde sea mejor dirigirse. Y mientras eso sucede, seguiré extrañando (y mucho), pero viviendo, respirando y mirando tantas cosas, que hacen que sea imposible dejar de vibrar y sentir que todo esto vale la pena…
Friday, September 10, 2010
Esperas que desesperan
Inició antes aún de que pudiera darse cuenta, esos planes que habían comenzado a maquilarse sólo en una mente loca y aventurera, iban tomando forma de manera furtiva. Estaba allá queriendo estar aquí, y cuando por fin estuvo aquí no pasaba un minuto sin que añorara estar de nuevo en aquel lugar. Casi sin pensarlo encontró la manera de acercarse a esos planes que todavía no lo eran, que quizá eran sólo sueños que viajaban entre nubes y ahí se estacionaban durante días y meses.
En algún momento ellos solos decidieron materializarse, aunque no en la forma y con la rapidez que le hubiera gustado. Un proceso largo, lento, complicado por momentos, sufrido y esperanzador a la vez. El calendario seguía tachando los días, los sueños seguían ahí, firmes pero flotando. Ella, en una espera que cada vez se volvía más incontrolable. Los papeles iban y venían de una mesa a un folder y de éste a ese lugar que era el medio de transición, el único casi responsable de enterarnos del resultado de todo este dilema.
Vivía un nerviosismo igual que el que experimenta una mamá cuando tiene a su hijo dentro del vientre; al que embarga a una mujer cuando, asomada por la ventana, espera que llegue su novio a darle ese beso de amor; el mismo de aquel que sabe que en el avión que aterriza regresa ese miembro de la familia que estaba lejos; ese nervio que experimentan las personas que tienen sólo una semana para por fin cumplir su último día de trabajo después de años... ese, ese que está en la cabeza, pero sobretodo en las manos sudorosas y en la panza llena de mariposas, de cualquiera que espera...
Fue justo antes de terminar la larga agonía de no saber cuando se presentó la catarsis, casi como si el cuerpo supiera lo que estaba por llegar (en realidad lo sabía), los indicadores se hicieron más evidentes. Las señales parecían llegar de todas partes y una vez más el universo conspiró a su favor, bastó escuchar un toc toc en la puerta, abrir un sobre y ver la marca que sabía que llegaría, para entender que el futuro comenzaba a ser presente. Minutos después dos abrazos, los más significativos, llenos de palabras que se dijeron sin hablar. Uno más a la distancia, pero fuerte y presente como los otros dos. Finalmente, una espera que vale la pena cuando cuenta un final feliz...
pd. Y sí, como siempre y sin pesar, sigue creyendo que cada historia tiene la posibilidad de terminar como todos los cuentos rosas! Y este inicia con hojas rojas de maple que caen sobre las aceras, esas que a él le encantan...
En algún momento ellos solos decidieron materializarse, aunque no en la forma y con la rapidez que le hubiera gustado. Un proceso largo, lento, complicado por momentos, sufrido y esperanzador a la vez. El calendario seguía tachando los días, los sueños seguían ahí, firmes pero flotando. Ella, en una espera que cada vez se volvía más incontrolable. Los papeles iban y venían de una mesa a un folder y de éste a ese lugar que era el medio de transición, el único casi responsable de enterarnos del resultado de todo este dilema.
Vivía un nerviosismo igual que el que experimenta una mamá cuando tiene a su hijo dentro del vientre; al que embarga a una mujer cuando, asomada por la ventana, espera que llegue su novio a darle ese beso de amor; el mismo de aquel que sabe que en el avión que aterriza regresa ese miembro de la familia que estaba lejos; ese nervio que experimentan las personas que tienen sólo una semana para por fin cumplir su último día de trabajo después de años... ese, ese que está en la cabeza, pero sobretodo en las manos sudorosas y en la panza llena de mariposas, de cualquiera que espera...
Fue justo antes de terminar la larga agonía de no saber cuando se presentó la catarsis, casi como si el cuerpo supiera lo que estaba por llegar (en realidad lo sabía), los indicadores se hicieron más evidentes. Las señales parecían llegar de todas partes y una vez más el universo conspiró a su favor, bastó escuchar un toc toc en la puerta, abrir un sobre y ver la marca que sabía que llegaría, para entender que el futuro comenzaba a ser presente. Minutos después dos abrazos, los más significativos, llenos de palabras que se dijeron sin hablar. Uno más a la distancia, pero fuerte y presente como los otros dos. Finalmente, una espera que vale la pena cuando cuenta un final feliz...
pd. Y sí, como siempre y sin pesar, sigue creyendo que cada historia tiene la posibilidad de terminar como todos los cuentos rosas! Y este inicia con hojas rojas de maple que caen sobre las aceras, esas que a él le encantan...
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Thursday, August 19, 2010
GOTA A GOTA
Fluyendo más rápido que el "gota a gota" que podría pensarse, ese líquido un tanto espeso con tonalidades que van del rojo carmín, pasando por un oscuro violeta a un rojo quemado -visto desde un ángulo inclinado y con la poca luz que llegaba hasta el sillón-, fue logrando que la bolsa que lo contenía se hinchara de él hasta obtener la cantidad necesaria, unos 450ml. Una parte para formar plaquetas y la otra para usos diversos, todos en beneficio de la salud.
Bastaron sólo cinco minutos para que aquello quedara concluído. Las horas de espera, el ayuno y un tanto de desesperación, quedaron en el olvido con la llegada de esa sensación que se experimenta no por sentirse héroe ni nada parecido, quizá sólo un poco de satisfacción personal y otro poco a nivel comunitario al ver que más de 30 personas -según el número de fichas repartidas-, por simple voluntad, a petición o por necesidad, acuden a dar un poco de ellos, literalmente hablando.
Sin el contexto adecuado 450 mililitros pueden ser considerados una cantidad pequeña. En este caso, ese casi medio litro podría ser la diferencia entre sobrellevar un estado crítico o continuar con el padecimiento, entre estar bien o mal, entre vivir o no. Quizá puede invertirse (quedando claro que no es igual que desperdiciar o perder) toda una mañana, prácticamente la mitad del día, pero nada vale más la pena que incrementar esa lista de personas que se unen a una causa que puede cambiarle la vida a alguien.
En un mundo ideal, todo aquel que sea consciente acudiría a voluntad, daría un poco de sí porque podría ser -aunque ojalá no- él mismo o alguna persona cercana y querida quien en algún momento necesitara más que 450ml. Seguramente sólo quienes en verdad requieren de ellos, saben el valor que tiene esa cantidad. Sin importar la letra o si el signo a su lado es positivo o negativo, llegar hasta un banco de sangre en donde se tienen todos los cuidados para tratarla y conservarla dentro de estrictas normas de sanidad, debería ser casi una obligación, porque actualmente a pesar de existir personas conscientes de la necesidad e importancia de esta 'actividad' esas donaciones aún llegan gota a gota...
Bastaron sólo cinco minutos para que aquello quedara concluído. Las horas de espera, el ayuno y un tanto de desesperación, quedaron en el olvido con la llegada de esa sensación que se experimenta no por sentirse héroe ni nada parecido, quizá sólo un poco de satisfacción personal y otro poco a nivel comunitario al ver que más de 30 personas -según el número de fichas repartidas-, por simple voluntad, a petición o por necesidad, acuden a dar un poco de ellos, literalmente hablando.
Sin el contexto adecuado 450 mililitros pueden ser considerados una cantidad pequeña. En este caso, ese casi medio litro podría ser la diferencia entre sobrellevar un estado crítico o continuar con el padecimiento, entre estar bien o mal, entre vivir o no. Quizá puede invertirse (quedando claro que no es igual que desperdiciar o perder) toda una mañana, prácticamente la mitad del día, pero nada vale más la pena que incrementar esa lista de personas que se unen a una causa que puede cambiarle la vida a alguien.
En un mundo ideal, todo aquel que sea consciente acudiría a voluntad, daría un poco de sí porque podría ser -aunque ojalá no- él mismo o alguna persona cercana y querida quien en algún momento necesitara más que 450ml. Seguramente sólo quienes en verdad requieren de ellos, saben el valor que tiene esa cantidad. Sin importar la letra o si el signo a su lado es positivo o negativo, llegar hasta un banco de sangre en donde se tienen todos los cuidados para tratarla y conservarla dentro de estrictas normas de sanidad, debería ser casi una obligación, porque actualmente a pesar de existir personas conscientes de la necesidad e importancia de esta 'actividad' esas donaciones aún llegan gota a gota...
Friday, July 2, 2010
El suspiro de una mano
De la mano que sostuvo el lápiz a la mano que sostiene la pluma van generándose las ideas que vagan libremente por el aire, mismas que sólo logran ser aterrizadas por una particular emoción. Una sensación vibra y da vueltas en la habitación hasta que logra plasmarse en un papel, uno distinto para cada sentimiento, para cada objetivo, uno diferente para cada mano.
Cada una de estas manos, por su lado, cuenta con una impresionante capacidad de expresar -muy a su manera- su sentir. La primera le habla a la otra a través de un retrato, la segunda le contesta con palabras claras pero significando entre líneas. Cada una con sus propias armas y con distintos motivos, pero ambas con la misma inspiración.
Dos manos que, a pesar de no pertenercer al mismo cuerpo, están unidas como si hubieran nacido juntas. Cada una con sus cualidades, cada una con un talento especial que, al entrelazarse, las vuelve más que dibujos y escritos. Juntas se transforman entonces en una sola capaz de contar una gran historia que, aunque comenzó hace años, sigue relatando el inicio de una historia...
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