Thursday, August 19, 2010

GOTA A GOTA

Fluyendo más rápido que el "gota a gota" que podría pensarse, ese líquido un tanto espeso con tonalidades que van del rojo carmín, pasando por un oscuro violeta a un rojo quemado -visto desde un ángulo inclinado y con la poca luz que llegaba hasta el sillón-, fue logrando que la bolsa que lo contenía se hinchara de él hasta obtener la cantidad necesaria, unos 450ml. Una parte para formar plaquetas y la otra para usos diversos, todos en beneficio de la salud.

Bastaron sólo cinco minutos para que aquello quedara concluído. Las horas de espera, el ayuno y un tanto de desesperación, quedaron en el olvido con la llegada de esa sensación que se experimenta no por sentirse héroe ni nada parecido, quizá sólo un poco de satisfacción personal y otro poco a nivel comunitario al ver que más de 30 personas -según el número de fichas repartidas-, por simple voluntad, a petición o por necesidad, acuden a dar un poco de ellos, literalmente hablando.

Sin el contexto adecuado 450 mililitros pueden ser considerados una cantidad pequeña. En este caso, ese casi medio litro podría ser la diferencia entre sobrellevar un estado crítico o continuar con el padecimiento, entre estar bien o mal, entre vivir o no. Quizá puede invertirse (quedando claro que no es igual que desperdiciar o perder) toda una mañana, prácticamente la mitad del día, pero nada vale más la pena que incrementar esa lista de personas que se unen a una causa que puede cambiarle la vida a alguien.

En un mundo ideal, todo aquel que sea consciente acudiría a voluntad, daría un poco de sí porque podría ser -aunque ojalá no- él mismo o alguna persona cercana y querida quien en algún momento necesitara más que 450ml. Seguramente sólo quienes en verdad requieren de ellos, saben el valor que tiene esa cantidad. Sin importar la letra o si el signo a su lado es positivo o negativo, llegar hasta un banco de sangre en donde se tienen todos los cuidados para tratarla y conservarla dentro de estrictas normas de sanidad, debería ser casi una obligación, porque actualmente a pesar de existir personas conscientes de la necesidad e importancia de esta 'actividad' esas donaciones aún llegan gota a gota...

Friday, July 2, 2010

El suspiro de una mano

De la mano que sostuvo el lápiz a la mano que sostiene la pluma van generándose las ideas que vagan libremente por el aire, mismas que sólo logran ser aterrizadas por una particular emoción. Una sensación vibra y da vueltas en la habitación hasta que logra plasmarse en un papel, uno distinto  para cada sentimiento, para cada objetivo, uno diferente para cada mano.

Existe una mano que en cada trazo (fuerte y suave), gracias a los lápices Hb, 2b, 6b y un sin fin de combinaciones, dejó plasmado, como lo dice quien la controla: que la inspiración llega más rápido cuando hay amor, y si hay estos dos elementos cualquier cosa se puede lograr. Otra mano, atenta, se da a la tarea de responder al mensaje.

Cada una de estas manos, por su lado, cuenta con una impresionante capacidad de expresar -muy a su manera-  su sentir. La primera le habla a la otra a través de un retrato, la segunda le contesta con palabras claras pero significando entre líneas. Cada una con sus propias armas y con distintos motivos, pero ambas con la misma inspiración.

Dos manos que, a pesar de no pertenercer al mismo cuerpo, están unidas como si hubieran nacido juntas. Cada una con sus cualidades, cada una con un talento especial que, al entrelazarse, las vuelve más que dibujos y escritos. Juntas se transforman entonces en una sola capaz de contar una gran historia que, aunque comenzó hace años, sigue relatando el inicio de una historia...

En la oscuridad de una habitación, la mano que escribe lo hace para una breve despedida que hoy está más cerca de lo que parecía. Pero que en este breve relato, y en medio de un largo suspiro, ha decidido no tirarse a la locura, esa mano  es la misma que hoy escribe: 

Tuesday, June 8, 2010

Mi primer año en "el mundo"

Recuerdo ese día como si hubiera sido el primer día de escuela, cuando cambias de nivel o ingresas a una nueva institución. Eres la nueva, la rara, la interrogante y, por ese motivo, atraes miradas cuya intención real no entiendes. Quizá -y lo más probable- te analizan, te sondean para saber qué esperar de ti. No intenté descubrir qué esperaban, me concentré en lo mío y dejé que "el mundo" siguiera.

Con el paso de los días, que rápidamente se transformaron en meses, fui sumando a esa lista de compañeros de trabajo uno que otro amigo, personas que no sólo te hacen la vida más ligera durante las jornadas diarias sino que comparten contigo un poco más allá de lo que es el trabajo, con quienes sales a despejarte, divertirte y te regalan recuerdos que se graban profundo en la memoria.

Existen también aquellos que no se denominan compañeros porque están un nivel más arriba; como en todas las empresas ¡hay variedad! y yo, tratando de aplicar un principio que me propuse vivir desde hace no mucho tiempo, trato de tomar sólo lo bueno de cada uno de ellos. Aprendo de quienes tienen cosas buenas e interesantes que enseñar, me intereso en quienes tienen tanta experiencia que no hay tiempo suficiente para conocer, me río -en secreto- de quienes creen que te pueden aplastar, y admiro a quienes a pesar de tanto conocimiento y experiencia tienen la sencillez de tratarte como a un igual...

Envuelta entre mis actividades diarias se encuentra mi pasión por lo que agradezco estar en el lugar en donde estoy, así como la oportunidad de tener un espacio para dejar por escrito un poco de mí. Y en esta actividad, que quizá de momento es sólo un ensayo de lo que espero algún día sea mi estilo de vida, dejo -o al menos lo intento- lo mejor de mí. Es por eso que hoy, entre bromas y un desayuno mundano, por aquello del día de la libertad de expresión, festejo mi primer aniversario aquí y escribo desde este cubículo que ha sido mi fiel y más cercano compañero desde ese lunes 8 de junio de 2009...

Wednesday, May 12, 2010

Los últimos días...

Por cuestiones de lenguaje, que a veces no entiendo y otras tantas me encanta, el título de este texto bien podría hacernos pensar -de entrada- en los últimos días que hemos vivido, o en los últimos días que nos quedan por vivir, pero para efectos de este "cuento" nos quedaremos con la primera. Y he aquí otra cuestión ¿desde cuándo podríamos contar nuestros últimos días? ¿los últimos 15, 10, 5? supongo que todo ello varía y depende de cada quien; sin entrar en más detalles digamos simplemente que esta historia va de los últimos días...

Y es precisamente que intentando hacer un resumen de los acontecimientos de "esos últimos días", he descubierto (aunque REdescubrir sería la palabra adecuada) que a diario vivimos situaciones que nos marcan de uno u otro modo, algunas de ellas nos inspiran, nos alientan, nos "mueven el piso" (como se dice por ahí), nos presionan, nos estresan, nos alegran, nos motivan, nos entristecen, nos enojan, nos rompen el corazón o nos vuelven completamente felices, es decir, todo absolutamente TODO lo que nos ocurre provoca en nuestro interior una serie de reacciones que conocemos como sentimientos. A partir de ellos podemos actuar de mil maneras, dependiendo de un sin fin de elementos como el ánimo en que nos encontremos, el clima, la gente que nos rodea, el contexto y más... aunque lo importante es que a partir de esos sentimientos y la manera en que nos impulsan a reaccionar, vivimos a diario experiencias diferentes. Ningún día va a ser igual a otro, así como la intensidad de nuestros sentimientos no puede ser siempre la misma.

Entre esos eventos descubro, casi como escondidos, pequeños detalles que cambian no sólo mi perspectiva de las cosas sino la historia que me había inventado con el tiempo. Me doy cuenta -con tristeza- cómo una sonrisa se transforma en carcajada y poco a poco se deforma hasta volverse un gesto de rencor, acompañado por gritos y acciones capaces de romper lazos. Aún así, me maravillo al vivir momentos junto a ese ser que con sólo estar presente tiene la capacidad de calmar mis miedos, angustias y más grandes temores. Entonces, entiendo que son pequeños detalles los que dan sentido a cada momento.

Así, durante estos días voy y vengo queriendo decir esto y aquello sin expresar lo uno ni lo otro, quizá porque son cosas o eventos tan contrastantes que no sé en qué orden acomodarlos, por un lado el corazón "aplastadito" por tener que reconocer que ciertos hilos que mantenían una relación -que consideraba para toda la vida- se rompieron y de qué manera... Por otra parte, un corazón hinchado de felicidad cuando la mano -cuyos movimientos controla a través de su sangre- toma esa otra que está hecha prácticamente a su medida para acompañarse a lo largo de una vida; un corazón que se llena de dicha cuando paso ese día tan especial con mamá, cuando en un abrazo -que no se compara y no tiene precio- decimos todo sin hablar; el mismo corazón que se alegra en un desayuno para cuatro, que representa no sólo el festejo del día sino un futuro que augura más momentos como ése.

Un corazón que me pide a gritos estabilidad, aún cuando sabe que soy adicta a las emociones fuertes, y aunque por momentos suspiro y quisiera que los momentos difíciles terminaran con la rapidez de un pestañeo -muy bajo, casi como si le hablara al oido-, le digo: No te preocupes, estoy segura que vendrán muchas más emociones como estas y quizá mayores contrastes. No hay porque alarmarnos, ambos somos fuertes y estaremos juntos hasta el final...

Es así como después de una larga explicación a un título, concluyo  que no sé si debió llamarse "Los últimos días" (como se lee en la parte superior de este texto), según lo escrito, "Pequeños detalles" o "Ese corazón". Ustedes dirán...

Wednesday, May 5, 2010

Caminos de ayer

Con sólo un bolso de mano y los papeles necesarios dentro de éste, cuando el sol aún no había decidido despertar, partió por esa carretera que -años atrás- llegó a conocer casi de memoria. Había olvidado cuántos minutos pasarían antes de dejar atrás este lugar que ahora era el habitual, para adentrarse de nuevo -casi con temor- a ese sitio que le resultaba como parte de una historia que -desde su punto de vista- se había detenido cuando dejó la ciudad. Con alegría y un poco de asombro, descubrió que no fue así, el tiempo sí pasó, las cosas cambiaron, las calles ahora eran más grandes y había edificios donde antes sólo había llanos, pero la esencia era la misma.

En menos tiempo del que pensó que tomaría quedó libre, no había más trámites por realizar, y las horas fueron entonces sólo suyas. Miró a su alrededor y, sin saber el rumbo exacto, caminó. No pensó en la altura o la comodidad de sus zapatillas, ni el en sol que ahora era su acompañante, y mucho menos en el tiempo que le tomaría llegar, a donde sea que fuera. Así, sin prisa, respiró ese aire que durante años llenó de energía sus pulmones, y observó esos caminos que solían ser su ruta diaria, caminos ahora perfectamente desconocidos. Hizo un pequeño esfuerzo y recordó: cuántas cosas había vivido ahí, cuántas veces recorrió esas calles que le parecían sacadas de un cuento, ¿con cuántas personas compartió esas caminatas? Desaceleró un poco más el ritmo con la idea de disfrutar cada paso, alzó la vista y se encontró con el letrero del restaurant donde solía comer con los amigos, no pudo evitar sonreír, estaba exactamente igual que cuando lo visitaban en los años de la universidad. Sintió tranquilidad al notar que no todo cambiaba.


Poco más tarde, un café entre amigos (naranjada o limonada, da igual) y la plática de viejos, nuevos y futuros momentos. Después otra caminata, hacia el encuentro de esa reunión entre amigas, en el sitio donde no sólo comerían sino que la haría revivir -en cierto modo- amistades que se fueron, otras que permanecen, reuniones que comienzan casi siendo niños y terminan con adultos serios, situaciones para festejar y otras tantas por las cuales llorar, amores de juventud y, sobretodo, esos contados pero inolvidables días junto al amor verdadero. Así, después de horas de palabras de iban y venían, como las gotas de lluvia que caían fuera del lugar, con una taza de café frente a cada una, llegó el hasta luego. Después de una segunda taza de café, esta vez sin más compañía que su libro del mes, esperó pacientemente el sonido de la voz que anunciaría el momento de abordar el autobús que la llevaría de regreso a casa...

Monday, April 5, 2010

Recuerdos que permaNecen

Sólo bastaron algunas líneas para que, gracias a los recuerdos, riéramos al traer de vuelta ciertos momentos memorables en nuestras vidas. Creo que comenzó cuando me dijo que había reído durante casi una hora al recordar esa vez (cuando fue a visitarme y yo estaba un "poco-bastante" deprimida, por motivos que no considero necesario mencionar) que al verme no pudo evitar decirme: ¡que fea te ves! Bastó ese comentario para que me soltara a reír y ¡de qué manera! Al recordarlo no pude evitar pensar que definitivamente tiene que ser una excelente amiga para haberse atrevido a decirme algo así y de manera tan directa, y también para que yo lo tomara como fue, un comentario sincero y sin malas intenciones. Quizá fue lo único que se le ocurrió cuando me vio en ese estado tan "inusual". Y justo en ese momento, como en muchos otros que era necesario compartir con alguien importante, ella estuvo ahí.

También hablamos de la noche en que nos despedimos, de las personas que nos acompañaban, y de lo triste que fue saber que dejaríamos de vernos casi a diario. Las cosas fueron difíciles y definitivamente cambiaron, siempre supe que seguiríamos siendo amigas pero por momentos dudaba acerca de poder lidiar con la distancia, con el hecho de dejar de compartir esos momentos que son necesarios y que hasta entonces marcaban la diferencia en nuestra amistad, esas largas noches de componer y descomponer al mundo, de contarnos nuestras historias de amor, aunque las supiéramos perfecto al derecho y al revés; de marcar ese número que sabíamos de memoria, haciendo el llamado de auxilio y saber que, como si fuera el 911, tendríamos respuesta inmediata, y -de ser necesario- hasta regañadas saldríamos; de hablar de nuestros planes, sueños y metas en la vida. Hoy vemos muchos de nuestros planes realizados, algunos hemos tenido que modificarlos por las cosas que nos ha tocado vivir y porque hemos descubierto que en el mundo no sólo existen el blanco, el negro y el rosa, sino muchos colores más, y esa diversidad es justamente lo que la hace divertida, aunque a veces nos haga toparnos con situaciones difíciles.




Se sentía tan bien hablar así después de tanto tiempo, que casi olvidé la distancia que nos separa; fue entonces cuando el sonido del teclado me hizo volver a la realidad y querer que estuviéramos juntas para poder platicar como antes, en persona, y quizá no tener que decir algunas cosas, porque como sucede a las personas que conviven durante tanto tiempo, bastan algunos gestos o expresiones para saber lo que la otra va a decir. Nos prometimos hacer lo que esté a nuestro alcance para reunirnos pronto, no importa el lugar, lo que nos motiva es la idea de platicar de vernos y saber que la amistad no ha cambiado en lo esencial (el cariño), y también que no se basa sólo en lo que ya vivimos sino en lo que nos conocemos, entendemos e identificamos. Saber que basta sólo volver a reunirnos para sentir que el tiempo no ha pasado y que, aunque nosotras hemos cambiado, en el fondo, seguimos siendo las amigas de antes.

Fue así como este breve encuentro, a través de la red, me hizo pensar en lo importante que es elegir a tus amig@s para que años después tengas la certeza que siguen siendo l@s mejores, crear lazos que se vuelvan cada vez más fuertes, aún con el tiempo y la distancia, permitiéndonos vivir y compartir momentos entrañables que se tornan en recuerdos para la posteridad. Estos podrán guardarse, como se hace con las viejas cartas y fotografías, y quizá hasta por momentos olvidar que están ahí, pero basta con acercarnos a ese lugar en donde fueron archivados -aún en el fondo de una habitación, closet o cajón- para encontrarlos. Y es que los recuerdos no se van, esos -por fortuna- ¡permanecen!

ps. aunque comencé a escribir pensando en la plática con una amiga específica, durante los minutos que siguieron acudí, justamente, a esos archivos donde guardo las fotos, los momentos y recuerdos más especiales que he pasado con mis amig@s, esos que se cuentan con los dedos de la mano y que, afortunadamente, conservo y pretendo continuar...

Saturday, March 13, 2010

CUESTIÓN DE ENFOQUES


A pesar del cansancio y la falta de energía, la idea de hacer algo "diferente" nos movió y nos acercó a la sala marcada con una Z. La cita era a las 19hrs, la gente -como es usual- arribó minutos más tarde. A pesar de los pocos asientos, el lugar no se llenó, lo cual no tiene mayor relevancia, quienes estábamos era porque realmente queríamos apreciar la proyección de esa noche. Entre comentarios -a mi parecer un poco inoportunos- de una señora "bien", nos enteramos que la función programada se pospondría porque, a decir de algunos, era demasiado aburrida y para cinéfilos que debían estar total y completamente apasionados para poder aguantarla. Para nuestra fortuna, la película elegida pertenece a la época de oro del cine mexicano, de esas que muchos aman y otros tantos odian por la falta de color y los esterotipos tan marcados.

Entre palomitas crujiendo gracias a los espectadores, en las butacas junto a nosotros, uno que otro entrando y saliendo de la sala, así como los clásicos "cuchicheos" al ver alguna escena que llamaba la atención, transcurrieron 90 minutos llenos de imágenes clásicas de un México extinto que creía haber conseguido objetivos que aún hoy no tenemos o que se vivieron brevemente; música que nos remite a sucesos históricos y romances existentes entre parejas "ideales" a quienes poco interesan las diferencias no sólo económicas sino ideológicas, y actores que dejaron huella gracias a su imagen, la rudeza en sus rostros (Pedro Armendariz), la maldad en las venas (el Indio Fernández) o el sufrimiento que no dejaba de oprimir sus corazones (Dolores del Río).
Llega el momento entonces de los comentarios, la percepción de los presentes, de conocer el sabor de boca que deja "Flor Silvestre", uno de los grandes clásicos de este cine, dirigido por Emilio Fernández y con fotografía (dicen ellos "cine de postal") de Gabriel Figueroa. Entonces descubrimos que, a través del cine, en esta mirada en blanco y negro de nuestra historia, las percepciones son tan diferentes como los enfoques de cada uno. Coincido en algunos aspectos, como en la excelente fotografía; estoy al margen en otros, como las actuaciones; y asimismo también difiero en algunos comentarios. Por otra parte -con tristeza- asiento al concordar con el que habla, acerca de que ese orgullo que manifiesta Dolores del Río sobre lo que ganó México con la Revolución, es un "algo" que se ha perdido, o es que quizá nunca lo obtuvimos en realidad. Porque esas marcadas diferencias entre campesinos y hacendados, comunmente conocidos como pobres y ricos, sigue existiendo y, lamentablemente cada vez es más notoria.

No cabe duda que esta noche terminó diferente. Disfrutamos de una proyección que a pesar de ser mexicana y transmitirse por televisión abierta desde hace muchos años, no habíamos visto la mayoría de los presentes. Tuvimos la oportunidad de relajarnos, de reir y tal vez hasta frustarnos un poco por las injusticias que muestra la historia y que, a pesar de pasar los años sabemos siguen existiendo y traspasan la pantalla. Lo rescatable es terminar con una serie de opiniones, pensamientos y preguntas acerca del cómo y el por qué de lo que observamos, no sólo enfocándonos a cuestiones cinematográficas sino a la historia de nuestro país, y lo que ésta influye en nuestra realidad actual.

Ya veremos qué sucede con la próxima película...